-Crítica musical realizada y publicada en el Diario Montañes el 31 de julio de 1996 tras el primer concierto de Vitaly Margulis en Santander -
Vitaly Margulis, leyenda viva del Piano, venerado por estudiantes e intérpretes de todas partes del mundo, acaba de ofrecer uno de los más impresionantes recitales que Santander ha presenciado hasta la fecha. Así de simple. El día 12 de julio de 1996 ya no será un día cualquiera. Ese día tocó el gran Vitaly Margulis.
Las 3 sonatas de Beethoven que interpretó, la nº 2 op.27 "Claro de Luna", la op.81 "los Adióses" y la colosal op.111, fueron únicas e irrepetibles tanto en calidad sonora como en madurez conceptual.
"El tempo correcto es el que otorga a cada nota su valor. Si una frase no puede ser captada porque las notas se atropellan, el tempo es demasiado rápido. El límite extremo de la claridad es el tempo correcto para un presto. Más allá de él, no tiene efecto" (Gustav Mahler)
Con estas palabras se refería el compositor y director de orquesta a determinados aspectos de la interpretación. Determinados pero determinantes también en cuanto a muchos otros aspectos de la ejecución musical. "Otorgar a cada nota su valor".
Vitaly Margulis mantuvo en todo instante este fundamental precepto interpretativo asumiendo todas y cada una de sus consecuencias aparentemente negativas: Tempos lentos, Espontaneidad provocada, un Pedal más atento a la proporción armónica y a la belleza tímbrica en detrimento de una claridad sonora más perfeccionada.
La ausencia de detallismo microscópico más propio de mentes científicas que del artista nato consciente del Universo musical que se presenta ante él. En este sentido debemos comprender en todo su alcance el significado de las palabras de Mahler en cuanto que el respectivo valor de cada nota no constituirá nunca un hecho individual, enlazadas cada una de ellas en una mera sucesión de instantes, sino que alcanzará únicamente su verdadera dimensión gracias a la coherencia y naturalidad de su discurso.
No se trata de poner en entredicho la eficacia de lo teórico, de lo tradicional, de lo objetivo. Tampoco tratamos de realzar exageradamente esa máxima sobradamente conocida por sus defectos de " Gustibus non est disputandum". Se trata precisamente de lograr el equilibrio más perfecto entre ambos. Sabemos que no es fácil. La cristalización de este intenso proceso interior y exterior, teórico y práctico, necesita largos años, largas mentes y un interminable corazón musical.
Por eso digo que el día 12 de julio pasó un ángel por el Palacio de Festivales de Santander. Si el gran Antón Rubinstein pudo decir que hay cientos de maneras de interpretar pero una sola verdad para quienes comprenden, creo que esa verdad, musicalmente pura, impactantemente cruda y sincera, llenó la Sala Argenta cuando el pianista Vitaly Margulis, en toda su inmensa superioridad musical, se dignó a interpretar "su" Beethoven. Un Beethoven muy personal seguramente pero que deberá convertirse en inmejorable referencia para muchos de nosotros.



4 comentarios:
He flipado con tu artículo sobre Margulis y los demás...Que pasa que ademas de músico eres filósofo o algo así???
Lo siento si te han parecido demasiado ¿qué? ¿profundos? ¿Largos? No lo sé, ya me dirás si quieres. Pero lo tienes fácil. No los leas y punto
Ciao
No . No te enfades ni te molestes. Lo decía como un piropo, Me parecen que están muy bien redactados y muy serios. Mi nombre es Sergio. saludos y tranqui. Era un piropo vale? Ciao
Bueno. Gracias entonces :-) Estoy muy tranqui :-). Abrazos
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