miércoles 19 de diciembre de 2007

Michel Mananes plays Chromatic Fantasy BWV 903





Michel Mananes plays LISZT Liebestraum no. 3 und Hungarian Rhapsody





Michel Mananes plays MOZART Piano Concerto No. 12 kv. 414 EUROPEAN CONCENTUS MUSICUS





Michel Mananes plays BACH Keyboard Concerto BWV 1055





lunes 17 de diciembre de 2007

Michel Mananes plays CHOPIN Mazurka op.17 No. 4





Michel Mananes plays PADRE SOLER Sonatas





Michel Mananes plays BACH Keyboard Concerto BWV 1055





Michel Mananes plays MOZART Piano concerto Kv. 414 No. 12





Michel Mananes plays Liszt Hungarian Rhapsody No. 6





Michel Mananes plays Rachmaninov Etudes-tableaux op.33 No.5





Michel Mañanes plays Rachmaninov Moments Musicaux op.16 No.4





sábado 15 de diciembre de 2007

BACH Keyboard Concerto BWV 1055 1.mov. FREIBURG ORCHESTRA. By Cristian Florea/Michel Mananes





viernes 14 de diciembre de 2007

BACH Keyboard Concerto BWV 1055 2.mov FREIBURG ORCHESTRA Cristian Florea/Michel Mananes





MOZART Piano Concerto No. 12 Kv. 414 European Concentus Musicus





BACH Keyboard Concerto BWV 1055 3.mov





BACH Chromatic Fantasy BWV 903





jueves 13 de diciembre de 2007

PADRE SOLER Sonata D flat Major





Rachmaninov Moment Musicaux Op.16 No.4





Chopin Mazurka op.17





miércoles 12 de diciembre de 2007

Excelente artículo sobre Barbara Bonney de Regino Mateo


BARBARA BONNEY Y LA CONSQUISTA DE LA FELICIDAD

Si tuviera que elegir un disco, un solo disco para sobrevivir al silencio en una isla desierta, creo que me llevaría “The Fariest Island”, la espléndida recopilación de canciones para laúd inglesas del Renacimiento tardío y de canciones del primer Barroco inglés editadas en DECCA e interpretadas con la más sutil y encantadora de las voces por la soprano norteamericana Barbara Bonney.

Fueron Mozart y los engranajes discográficos quienes me descubrieron la sofisticación, el delicado timbre, la versatilidad interpretativa, la perfección técnica, la furiosa necesidad de emocionar de una voz, una mujer que se hace música y llega esta tarde al Palacio de Festivales de Cantabria convertida en el mejor regalo de Navidad que podremos esperar este año. Hace ya años de ese momento en el que en medio de una grabación del “Don Giovanni” sacudías la cabeza asombrado por la coquetería de Zerlina en el “La ci darem la mano” o en el “Batti, batti” y te veías obligado a buscar el libreto y entre los créditos del disco descubrir que el milagro se llamaba Barbara Bonney. Y después, otros roles mozartianos, colecciones de lied alemán con bellísimas aproximaciones a Schubert y los Schumann, el espectacular “Stabat Mater” de Pergolesi en un dúo perfecto con el contratenor Andreas Scholl, las frías canciones nórdicas de Alfven, Grieg y Sibelius en el delicado “Diamonds in the Snow”, los juegos contemporáneos de compositores norteamericanos actuales como Previn, Barber o Bernstein llegando a la épica de la cantata “Sally Chisum remembers Billy The Kid”.

Desde que me encontré con la música y fui plenamente consciente del placer de callar y escuchar hasta que una melodía rompe el silencio y nos llena de sueños, supe que había intérpretes privilegiados capaces de contagiarnos todo lo que aprendían al leer las partituras de los grandes maestros. La capacidad de emocionar es esencial a la música, pero sólo funciona cuando un mediador en estado de gracia teje las notas para nosotros y nos convoca a un diálogo en el que aprendemos a mirarnos hacia dentro, nos recogemos y exploramos todo el catálogo de lágrimas y esperanzas, de risas y de fuego de que nuestro espíritu nos ha dotado. Somos mejores después de escuchar música, nos conocemos más a fondo y nos encontramos así con el camino de la felicidad que sólo toma dirección desde la propia intimidad consciente.

Barbara Bonney ha sido, es, una de esas guías que nos llevan de la mano, de la voz, hasta el milagro. Que nos enseña a ser felices. Y esta noche, con un programa exigente, profesional y lleno de brillos y matices y sendas de luz y espacios de sombra, en el que Robert Schumann, Clara Wieck-Schumann, Edvard Grieg y el tremendo Richard Strauss de las “Cuatro últimas canciones” se apoderarán de la voz de la soprano y serán evocación viva y serena de todo aquello que de bueno nos queda. Para que al fin del día seamos un poco mejores, un poco más felices.

Gracias por adelantado, Barbara